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Noche de vino y rosas

Llevaban tiempo dando vueltas a fijar una fecha para celebrar un encuentro que se desmarcase de los habituales entre ellos desde casi dos años atrás.

Todo comenzó con un cursillo de catas de vino repartido en tres tardes para un grupo de quince personas organizado por un aula especializada con la intención de  iniciar a los interesados en el conocimiento y aprendizaje de tan interesante mundo.

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Terminada la primera clase hicieron un breve intercambio de impresiones y charlaron animadamente a las puertas del local. No se dieron cuenta pero pasaron más de treinta minutos hasta que se despidieron para volver a encontrarse en la próxima tarde programada. La segunda cita se desenvolvió en un ambiente mucho más distendido y, a la salida, decidieron marcharse todos juntos a tomar un vino a un sitio cercano. Hablaron y se dieron cuenta de que, casi mayoritariamente, lo que les había impulsado a apuntarse a aquel cursillo, no era sino encontrar una válvula de escape de otros asuntos que quizá necesitaban ser aparcados para mantener un cierto equilibrio emocional.

Lo que iba a ser un vino se convirtió en una improvisada reunión en la que hubo segunda ronda, que terminó entre risas y ganas de volver a reunirse en la tercera y última fase del cursillo.

Gonzalo volvió caminando a su casa pensando que hacía tiempo que no se había reído consiguiendo olvidar por unas horas la tristeza en que vivía sumido desde hacía meses.Paula se subió al taxi pensando en qué habrían cenado sus hijos. Últimamente sólo querían alimentarse a base de pizzas y bollería industrial. Y así había una historia detrás de cada uno de ellos que les esperaba porque la realidad es una.

Algunos se habían ilusionado con aquella tercera clase. Convertidos en unos auténticos maestros amateur (valga la contradicción) de la cata de vinos, salieron juntos a la calle y Gonzalo les dijo que cerca había un nuevo sitio dónde degustar unos buenos caldos y demostrarse a sí mismos que sabían diferenciar variedades sin haber visto la etiqueta de la botella…¡Acertó!

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De aquella noche nació el “Club de los vinólogos”…que habían descubierto que aquello de cultivar una actividad ajena a sus respectivas realidades particulares era una opción interesante y atractiva. Siiiiiiii…“Vinólogos”, mostrando su respeto por toda la cultura que rodea el mundo de la enología.Durante casi dos años se reunían una vez por semana para poner en práctica los conocimientos adquiridos en aquel cursillo y para charlar compartiendo momentos de desconexión. A su vez, se había sumado gente que algunos de ellos incorporaban y lo que comenzó con quince personas…¡ya superaba las treinta!

Gonzalo y Paula se convirtieron en los líderes del grupo sin pretenderlo.Para él supuso un cambio de vida y para ella un soplo de aire fresco en la suya.Cuando cumplieron el primer aniversario de las reuniones de este peculiar club, organizaron una excursión a unas bodegas por iniciativa de una de las integrantes.

Víspera del segundo aniversario….¡llamada de teléfono!

Es Gonzalo…se presenta amablemente y me cuenta de forma breve que quiere celebrar un encuentro diferente. No me ha dado tiempo a tomar datos cuando se apresura a decirme que no sabe por dónde empezar. Lo que sí sabe es que quiere que sea algo distinto y que dispone de un presupuesto ajustado que le hace dudar si va a ser posible llevar a cabo una convocatoria especial…totalmente alejada del año anterior en que les subieron a un autocar, les llevaron a unas bodegas previo pago de la entrada y les entregaron una bolsa con unos productos de merchandising que iban incluidos en el precio. Quiere ser discreto expresándose pero, por el tono, percibo que no se sintió identificado con aquel festival.

Nos citamos al día siguiente para conocernos y, sobre todo, escucharle… Es entonces cuando supe la historia que acabo de relatar que me pareció fundamentalmente divertida.

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Asumí el reto de diseñar el encuentro a pesar de que sabía que no era fácil preparar un evento con las limitaciones que Gonzalo advirtió desde el principio. Si lo hice fue porque no me impuso exigencia alguna sino que buscaba asesoramiento y propuesta acorde con los medios disponibles. Las limitaciones de presupuesto venían marcadas por el comprensible hecho de adaptarse a las posibilidades económicas de cada uno de los asistentes que, previamente, iban a abonar su parte correspondiente.

Ante la pregunta de cuántos asistentes serían para el día D me respondió…ciento veinte, porque el que no lleva a su mujer lleva a su novio, o a su amiga, o a sus hijos, etc…y de los más de treinta que eran…prácticamente todos tenían tres o cuatro candidatos  dispuestos a  sumarse a la cita.Nos despedimos con mi compromiso de enviarle la mejor opción posible en los siguientes siete días.

Cinco días más tarde le llame por teléfono para decirle : “Gonzalo…creo que te va a gustar la idea…voy a crear una noche de ¡vino y rosas!”. Sería un jueves a las nueve de la noche.

Le propuse que se olvidase de una cena formal, invitándole a que pensara en una velada basada en la estimulación de los sentidos sin olvidar por supuesto el eje central y nexo de unión de todos ellos: el vino. La respuesta fue una risotada de sorpresa acompañada de un tajante: ¡¡¡Manos a la obra Felipe!!!

VINO Y ROSAS 2Lo había tenido claro desde el momento en que supe el perfil de los asistentes y el concepto de reunión que quería poner en marcha. Visité un local en pleno Madrid de los Austrias cuya planta baja conserva las bodegas auténticas, dos galerías con bóvedas y arcadas de ladrillo visto que, antiguamente, formaban parte de los pasadizos que recorrían la Villa y Corte.

Los dueños no utilizaban esta zona sino la planta de calle dónde habían instalado una coctelería de diseño vanguardista. La zona de abajo me fascinó. Estaba en perfecto estado pues, hasta hacía quince años, fue desde los años sesenta un tablao flamenco clandestino por dónde habían pasado desde jefes de Estado hasta artistas del celuloide buscando privacidad y diversión.Piedra, ladrillo visto y barro cocido en el suelo. La iluminación era aceptable, a base de focos a media pared proyectando la luz hacia arriba. Había que complementarla para sacar más partido a la estancia y estructurar el espacio.

Macetas con antorchas clavadas en la tierra que, a su vez quedaría cubierta por pétalos de rosa , colocadas en las esquinas.Mesas altas vestidas de blanco hasta el suelo con una bandejita de vidrio, a modo de centro, adornada con virutas de corcho de botella de vino y en medio una vela encendida. Taburetes altos para los más estáticos.

Cuatro barras para el servicio exclusivo de vinos blanco y tinto decoradas con decantadores rellenos de pétalos de rosa.Para los escasos no bebedores de vino (véase alguno de los acompañantes de los miembros del club) se dispuso un buffet de aguas minerales y otro con tres barreños de zinc cuajados de botellines de cerveza entre hielo picado.

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Había que maridar el vino con lo que mejor consideré en base al presupuesto disponible y , aún hoy, considero que no podía haber elegido mejor maridaje.

Constante paso de camareros con inmensos tablones de madera de distintas variedades de quesos españoles a modo de bodegón coronadas por tubos repletos de grissini.Igualmente otros portaban bandejones redondos con lascas de jamón y lomo ibérico, acompañados de regañás jerezanas…¡me gustan tanto!

De fondo una tenue y muy agradable música de guitarra animando el ambiente.

En el vacío y pequeño escenario había que hacer algo y coloqué dos maniquíes negros de madera simétricos. Uno de ellos cubierto por una capa española y el otro por una seda rosa con estampados grises a modo de manton gentileza de la firma Loewe. El suelo alfombrado de pétalos y en los extremos dos macetones con antorchas cómo los que he citado anteriormente.

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De haber vivido Luis Candelas, le hubiese pedido que viniera a darse una vuelta…

Entre hora y media y dos horas estuvieron jugando a realizar catas cómo las que aprendieron en aquel curso que les había reunido en su momento.                                                                                                                                                     ¡Ya lo creo que cataron!

Los cuartos de baño estaban conservados de manera óptima pero les faltaba un aire para entonarlos con el resto del panorama estético. Postales de Madrid en blanco y negro decorando las paredes…¡rememorando la época gloriosa de aquel lugar!Durante toda la tarde previa quemé aceite de rosa de Bulgaria en cada uno de ellos y coloqué un velador en el femenino con unos pulverizadores de agua de rosa de Bulgaria igualmente.Debió resultar atrayente porque las visitas al “semitocador” aumentaron a juzgar por el agradabilísimo perfume que desprendían las señoras. No pienso hacer mucha publicidad sobre la rosa de Bulgaria porque no tengo arte ni parte en esas lides, pero ciertamente el olor es muy sutil y agradable lejos de resultar cargante o empalagoso cómo ocurre con otras fragancias de rosas.

Para neutralizar sabores antes de la despedida…sorbete de mandarina con unas gotitas de ron de caña y mini cucuruchos con perlitas de chocolate blanco. El postre me lo inventé casi en el último momento porque no tenía más recursos y…¡triunfó!

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Una de las iglesias cercanas esta a punto de anunciar la medianoche.                                                                                         Gracias Gonzalo…por confiar en mí en aquel momento.

Hay un montón de ideas aún por hacer realidad…la vida no es un camino de vino y rosas pero aquella noche de reunión lo fue o, al menos, lo intenté.

Esa intención es la de Chapó.

 

¡Hasta pronto!

 

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25 años y un día

¡Qué no cunda el pánico!…no se trata de una condena impuesta por delito alguno.

Es el tiempo transcurrido entre el día que contrajeron matrimonio Sandra y Luis y la fecha en que celebraron sus bodas de plata. Todo comenzó con una llamada telefónica en la que ella se presentó amablemente y me contó que no había pensado en un primer momento preparar nada especial al efecto. Continué escuchándola atentamente porque sabía perfectamente que ese comentario era una manera de decirme que buscaba un aliado que le tendiese su mano para cambiar la idea inicial.

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De sus primeras palabras y el modo de expresarse obtuve mucha más información de la que ella podía estar imaginando. Me hablaba del día en que se casó, de Luis, de sus hijos, de sus padres, de sus hermanos y de cómo no entendía la vida sin ellos.

Estuvimos hablando durante bastante tiempo y conectamos fenomenal. Mientras hablábamos quise trasladarle buena disposición y colaboración para construir un momento de felicidad que pudiese compartir con los suyos.

Para entonces entendí que no quería una celebración al uso sino un encuentro especial.

De igual manera me quedé con el dato de que Luis es un fanático del chocolate y de que a ella le encanta bailar.

Cuando estábamos a punto de despedirnos habiéndonos emplazado a una siguiente llamada telefónica me dijo: “Felipe, ¿podríamos conocerte Luis y yo esta semana para que nos orientes al respecto?”. Dicho y hecho. Un par de días más tarde nos citamos en una agradable sobremesa para la cuál ambos hicieron hueco en sus apretadas agendas y, a los diez minutos de conocerles, dibujé en mi cabeza la propuesta que consideré más a la medida de ellos.

Recuerdo la frase de Luis cuando nos despedimos entre risas : “No tenemos tiempo por nuestros trabajos para organizarlo…¡Ayuuuuuuda!”…Sandra se reía con la ilusión que inicialmente no tenía por preparar nada especial.

En tres días les envié una propuesta en base a la conversación que habíamos tenido.

Nos quedaban dos meses y tuve clarísimo desde el primer minuto que no querían una cena tradicional en plan banquete con un menú cerrado y mesas asignadas.

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Pensé que la prioridad era reunir a los incondicionales y hacerles partícipes de un aniversario tan especial…pero también ¡querían pasárselo pipa!

Mi baza fueron los detalles, que considero tan importantes.

El lugar…una antigua galería de arte recientemente cerrada en pleno centro de Madrid con techos altos y tres grandes espacios corridos. La planta  superior era un único piso habilitado cómo oficina.

Me puse en contacto con los dueños para tantear la posibilidad de alquilarles el espacio por un día y, tras visitarlo para saber el juego que podía darme, me dijeron que no iban a utilizarlo en los próximos tres meses y que…¡Adelante!

Pensé en una copa de bienvenida para romper el hielo y ese hieratismo con el que casi todo el mundo llega a las celebraciones. Una vez relajados todos los invitados también lo estarían Sandra y Luis y sería el momento perfecto para cambiar de estancia y dar paso a una cena tipo cóctel.

La entrada estaba decorada con una mesa redonda en el centro que presidía la estancia vestida de blanco hasta el suelo con una sopera de porcelana cuajada de flores y las iniciales de Sandra y Luis pintadas por mí a pulso la noche anterior.

Las paredes estaban vacías y con marcas y quedó divertidísimo el toque de cuajar todo con retales de tul en color té…¡No he dado tantos martillazos en mi vida!

Vigas vistas y suelos antiguos hidráulicos

La llegada iba a consistir en una degustación de lascas de jamón ibérico y cerveza a punto de hielo. Estamos en la tercera semana de junio en Madrid. Magnífica temperatura y el reloj marca las 20:30 horas.

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Alrededor de 60 personas y una calidez estupenda que, unos 45 minutos después, dio paso a la estancia contigua donde había montadas dos barras y mesas de apoyo vestidas en negro con sus correspondientes sillas Tiffany plateadas.

En el centro del techo aún quedaba una lámpara de cuando la galería estaba en activo.

Era una pieza de bronce sin valor alguno que teñí de negro con un spray especial para metales colgando posteriormente decenas de cintas de organiza gris de los brazos, dando así un toque divertido y rompedor a juego con los colores de mesas y sillas.

Como centros de mesa opté por una composición de perlas de azúcar y velones sobre vidrio.

¡Luz de velas para una noche de estrenado verano!

Bossanova instrumental de fondo. Los camareros (todos vestidos de negro con delantal largo desde la cintura con estampado en pata de gallo blanco y negro) estaban aleccionadísimos para que no faltase comida ni bebida pasada en bandejas negras cuadradas con una velita en cada una de ellas.Además se dispusieron igualmente a modo de degustación bandejitas rectangulares blancas en las mesas de apoyo dónde, sobre todo las invitadas, suelen hacer “corrillo”.

Las barras atendidas por camareros para cualquier petición y fundamentalmente reservadas para la sorpresa que Luis le había preparado a Sandra con mi complicidad.

Variedades frías, calientes, bebidas de todo tipo y una concentración de afecto que podía apreciar hasta el más despistado. Los invitados se iban moviendo a sus anchas departiendo con unos y con otros.Llega el postre…y pensé que si Luis había sido tan generoso de preparar una sorpresa, él se merecía otra y tenía la pista desde el primer día…¡¡¡El chocolate!!!

Salió una mesa de ruedas con un buffet de chocolates vestida en lamé plateado y un candelabro de estaño que la propia Sandra rescató de un armario en casa de sus padres dónde había caído en el olvido. Se lo pedí para “tunearlo” con unas velas blancas y anchas a las que grabé con lacre las iniciales de los protagonistas y convertirlo en el centro de mesa. Pequeñas láminas casi como folios, trufas de chocolate blanco, sus bombones favoritos que siempre le regalan sus hijos y una inmensa tarta a base de mousse ligera y muuuuy fría con un toque de menta.

Tras la mesa aparecen bandejas de granizado de mojito para acompañar.

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Suena música…¿De dónde sale?…Sandra no puede evitar mirar a Luis sorprendida y él la acompaña a aquella tercera estancia contigua que había permanecido cerrada.

Allí habíamos montado una pista de baile con un DJ.

Quien escribe estas líneas había llenado literalmente el espacio de cubitos de vidrio templado con velas que aportaban una magia perfecta para empezar a bailar. Las barras de la estancia anterior comienzan a servir combinados y ahora las dos zonas están comunicadas. Los más bailones a la pista y los otros hablando y tomando una copa en la zona de las mesas.

Para los no “chocolateros” estaba previsto atenderles a través de bandejas que portaban vasitos de helado de queso mascarpone con reducción de frutos rojos.

Bailaron canciones de los 80 y disfrutaron cómo sólo sus caras lo sabían expresar.

No fue sólo el momento de Sandra y Luis sino el de todos los que les acompañaban.

¡OBJETIVO CUMPLIDO!

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Al día siguiente recibí un regalo de parte de ellos con una tarjeta que decía :                                                                  “Mil gracias por tu esfuerzo que ha sido fue fundamental para el éxito de la fiesta”.

Yo se lo agradecí pero en realidad la clave fue la confianza que ellos depositaron en mí. Yo no soy perfecto (ni muchísimo menos) pero me comprometí a implicarme y lo hice.

Ellos trabajan muchas horas y el poco tiempo libre que tienen lo dedican a su casa y a hacer planes para relajarse con sus hijos. Buscaron delegar en alguien que captase su esencia y el resto fue desarrollándose a base de trabajo y una excelente comunicación.

Convertir una fecha en especial no es privilegio reservado para unos pocos.

Chapó lo hace posible.

 

¡Hasta pronto!

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Los pasteles del padrino

¿Los pasteles del padrino?…Siiiii…es la introducción perfecta para escribir sobre un clásico de la repostería que, de alguna manera, forma parte de mí. Ya lo rezan las líneas de introducción al blog cuando se refieren a que la mejor manera de ir descubriendo aspectos sobre mí es ¡Ser fieles y seguirlo!.

Antes de explicar el porqué del título de este artículo voy a referirme directamente al tema protagonista. Se trata de Embassy, todo un referente gastronómico de la capital basado en la calidad, el excelente servicio y el mantenimiento de su esencia combinado con la adaptabilidad al paso del tiempo…¡Un ejemplo!

Mis primeros recuerdos de Embassy datan de la infancia, cuando mis padres nos llevaban a tomar el aperitivo. De aquel lugar me llamaban la atención los detalles de sus empleados siempre atentos, la combinación de los colores en su decoración, los estupendos hojaldritos de queso y el ambiente selecto que se respiraba sin pretenderlo.

Todavía era pues un niño cuando descubrí que mi madre solicitaba al maitre que le mostrase la bandeja de pasteles que siempre tienen preparada para que los clientes escojan la variedad que mejor combine con aquello que estén tomando. Ella elegía y siempre nos dejaba participar también a nosotros. Desde el primer día que me enfrenté a la bandeja fue un auténtico flechazo…yo creo que me llamó la atención la apariencia cómo ocurre en casi todos los flechazos y así caí rendido a los encantos de los deliciosos pasteles de limón que, a día de hoy siguen siendo mis favoritos.

FOTO EMBASSY MADRID

Los pasteles tienen formato de mini tartaleta de una pasta exquisita cubierta de una finísima espuma dorada de merengue y un relleno de crema de limón que mezcla en la dosis perfecta el toque dulce y el cítrico. También se puede elegir la misma receta en formato de tarta, que ya ha protagonizado algunas de mis fechas especiales e incluso he recurrido a ella cómo regalo de cumpleaños en su tamaño mayor para poner el broche de oro a la celebración de algunos de los míos…¡Va por ti Nuria!…mi comadre.

Podría dar cien mil vueltas al tema pero sencillamente…¡me chiflan!

Hay otras muchas especialidades de Embassy que también me gustan muchísimo cómo sus deliciosos sándwiches, sus hojaldres, su cóctel fetiche que engancha por esa base casi secreta que le aporta un sabor inconfundible, las shorketinas, los magníficos merengues suaves y ligeros y bastantes más cosas que se alejan del tema que nos ocupa.

La historia es que con el paso del tiempo he visitado aleatoriamente las cuatro casas de la empresa (dos en el centro de Madrid, la situada en la selecta zona residencial de La Moraleja y la de Valdemarín) y en todas ellas hay un denominador común: Cuidar el servicio basado en los detalles y mantener la calidad.

FOTO TARTA LIMON EMBASSYPues bien, desde el pasado mes de enero para quien escribe ahora, estos pasteles ya no son los de limón de Embassy.

A mí me suena de maravilla pero voy a explicarlo para que el lector entienda de qué va la historia.

Efectivamente ha sido en enero cuando he vivido uno de los días más bonitos de mi vida al asistir a la ceremonia bautismal en calidad de padrino de mi adorada sobrina Sol.Este no es un artículo sobre Sol porque no hay artículo que pueda estar a la altura de un bebe que me tiene absolutamente embobado. No hay palabras…La quiero cómo no soy capaz de explicar y además he recibido el regalo de ser su padrino…¡Ahí va eso!

La primera vez que la tomé en brazos  tuve de manera inmediata la sensación de continuidad, la llegada de una nueva generación y desde entonces me ha conquistado.

Termino aquí de hablar sobre ella porque podría escribir un libro interminable y no es mi intención. Eso sí…le pido a la vida que tenga generosidad con ella y que sea muy feliz.¡Yaaaaaaa lo dejo!…que la pasión me desvía del tema troncal…es lo que tienen las pasiones…

Sus padres quisieron celebrar con el círculo más íntimo un almuerzo posterior a la ceremonia. Se volcaron con nosotros y se esmeraron en cuidar los detalles.

La madre tuvo claro desde el primer momento que quería montar una barra de postres y yo pensaba que lo sabía todo.

Estaba equivocado…

Pensó en los adultos y en los niños, en los golosos de tarta y pastitas y en los más “golosineros”,e incluso dedicó un espacio fabuloso a los celíacos que disfrutaron tanto o más que el resto.

Llegado el momento de atacar a las variedades dulces, los padres habían creado un par de rincones sorpresa para los padrinos con sus correspondientes letreros identificativos: “Dulces de la madrina” y “Pasteles del padrino”.

FOTO PASTELITO LIMON EMBASSY

La madrina es Claudia, una chica guapa y encantadora que tenía sus dulces favoritos de chocolate. Desconozco su reacción al descubrir el asunto porque mi atención se centró en aquella bandeja que habían preparado pensando en mí con los exquisitos pasteles de limón. Ciertamente me emocionó internamente el tema pero la siguiente reacción lógicamente fue la de hacer los honores a los anfitriones, lo cual cómo comprenderéis no me supuso esfuerzo alguno.

El bautizo fue doble porque, desde entonces, esos pastelitos de Embassy cambiaron de nombre. Son y serán al menos mientras yo viva…¡Los pasteles del padrino!

Yo siempre digo que son polivalentes porque igual son perfectos para acompañar un té, que para combinar con una copita de champagne.

Mi enhorabuena para esa tercera generación de los dueños de esta emblemática empresa que sucedieron a la fundadora a su fallecimiento.

Han sabido mantener el espíritu de la irlandesa Margarita Kearney Taylor cuando fundó el salón de té en 1931 al darse cuenta de que en Madrid no había lugar alguno donde las damas pudiesen tomar a solas el té. Ella era miembro de un Club de la capital británica que se llamaba precisamente Embassy.

Una irlandesa instalada en París que en 1928 llega a Madrid para incoporarse a trabajar en la factoría que General Motors tenía en España. Elige en 1931 el Paseo de la Castellana porque era el lugar que más le recordaba entonces a los Campos Elíseos.

Entienda el lector que La Castellana de entonces no era ni sombra de la de ahora sino un paseo cuajado de palacios y palacetes. Acaba de concluir de manera violenta el reinado de Alfonso XIII. Se ha estrenado en España el período de la Segunda República y Embassy se convierte en el perfecto lugar de encuentro de diplomáticos, aristócratas y empresarios influyentes.

Las recetas no eran exclusivamente británicas ni francesas sino de todas partes del mundo y eso le daba un aire internacional que aún hoy conserva aunque la oferta en Madrid sea envidiable al respecto. Continúan estando en primera fila.

El salón de té se conserva pero Embassy ha sabido adaptarse inteligentemente a los tiempos fomentando el aperitivo, ampliando sus instalaciones con un restaurante hace más de treinta años, potenciando la tienda, creando un estupendo catering, siempre con la filosofía inicial y con un sello que han sabido trasladar a sus empleados para que las sensaciones hacia el cliente siempre sean las que la casa quiere transmitir.

Están allí mis delicias más especiales…Los pasteles del padrino.

El hecho al que acabo de hacer referencia de saber adaptarse es importantísimo para mí.

Chapó eventos es un proyecto que acaba de nacer con vocación de ADAPTABILIDAD, con firmeza pero con la humildad del que sabe que cada día es un regalo de la vida para continuar al pie del cañón porque nunca esta todo hecho.

Cómo responsable e ideólogo de Chapó parto de la premisa de adaptarme a las posibilidades de cada quien.       La idea es entender que esto no es un catálogo de servicios con un precio etiquetado. Es evidente que no hay fórmulas mágicas pero la apuesta es demostrar que dar un toque personalizado y especial a una fecha no es privilegio reservado a economías preferentes.                                                                                                                                       Si además te puedes permitir hacer un extra…¡nos ponemos a soñar despiertos!

Parto siempre de cero y…juntos decidimos hasta dónde podemos llegar.

Recordad mi frase de cabecera : La buena disposición es el mejor punto de partida

¡Hasta pronto!

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Ser anfitrión

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La figura del buen anfitrión está relativamente denostada por generalizarse de forma errónea que lleva implícita una carga de anacronismo o pertenencia a una exclusiva clase social en la cual aún se da la espalda a ese concepto tan nebuloso que se emplea con una alegría desmesurada de “las nuevas costumbres”…¡Tremendo fallo!

Para calificar y etiquetar la figura del anfitrión, en primer lugar habrá que tener claro en qué consiste y será entonces cuando desmontemos el argumento fácil y vulgar de asociarlo equivocadamente a connotaciones sociales o económicas.

El anfitrión es quien invita o convoca como organizador a una determinada reunión.

No hay más doblez en el término. La reunión puede ser desde un grupo de gente citados a una conferencia, la invitación a tomar una copa en casa o el día de nuestra boda. La conferencia puede ser en el local de una de tantas asociaciones de vecinos o en el club privado más selecto.

De igual manera es totalmente secundario si la residencia donde vamos a tomar la copa es modesta o majestuosa, tal y cómo ocurre con tantos y tantos ejemplos.

En todos los casos el papel del anfitrión es determinante para el buen desarrollo de la reunión de que se trate y sobre todo para un óptimo resultado, que al fin y al cabo es el efecto deseado.

La base es entender que los invitados o convocados van a actuar por mimetismo y, por lo tanto, somos en gran parte responsables de que pasen un rato más o menos agradable y de igual manera nos ocurrirá a nosotros.Debemos incluirnos en el grupo para que el resto no nos vea cómo un sujeto ajeno que, de vez en cuando, aparece en escena.Es evidente que ocupamos un lugar diferente porque estaremos pendientes del devenir de la reunión y del correcto funcionamiento del esquema inicialmente previsto.

Si se trata de un encuentro en un lugar que no es nuestra casa, básicamente nos deberíamos ceñir a recibir y despedir con agradecimiento a los asistentes.

Pongamos por caso que se trata de una conferencia, la presentación de un libro o la inauguración de una exposición. Si se trata del acto concreto sin más “adornos”, estamos para eso y si además se acompaña de una copa posterior o celebración accesoria nuestro cometido seguirá siendo el mismo habiendo buscado previamente un aliado en el responsable de la organización del evento para que cuide los detalles en la medida en que se lo permitan las circunstancias concretas del momento.

Lo que debemos evitar en todo momento es actuar cómo directores de orquesta, dando la nota y trasladando una sensación de que la reunión nos esta causando inquietud o preocupación. Si la idea es que los demás disfruten será prácticamente imposible que lo hagan si no perciben que también disfruta quién les ha llevado a la cita.

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A estas alturas de la exposición, a muchos se les habrá pasado por la cabeza que es muy fácil partir de esta premisa si la invitación no es en nuestra casa.

Estoy de acuerdo pero sólo en parte.

Hay tres grandes grupos a considerar en este supuesto:

+ Quienes tienen el apoyo de un personal de servicio doméstico interno y especializado, que además cuentan con un amplio abanico de medios para delegar en terceros hasta el último detalle.

+ Los que tienen su casa y un presupuesto al que ceñirse, teniendo en cuenta que además el ajetreo generalizado de hoy en día nos limita fundamentalmente en cuanto al tiempo.

+ A los que les trae sin cuidado todo y la palabra anfitrión les suena a faraón.

Los primeros son minoría y si no se esfuerzan un poco en ser cuanto menos correctos en eso de recibir y despedir…¡les viene muy grande todo ese despliegue del que disfrutan!.

Lo peor es que, en ocasiones, a pesar de no dar palo al agua se pasan la velada en la cocina con quienes están trabajando o rebuscando velas en un aparador cómo si el mundo fuese a terminarse si no las encuentran.

También algunos de ellos son excelentes anfitriones pero no por su poder adquisitivo o su estrato social, sino por sus cualidades personales y magnífico trato.

Los terceros están completamente ajenos. Abren la puerta (si es que no la han dejado ya abierta para hacerlo más cómodo) y con suerte te saludan. A partir de ahí comienza la labor de descubrir el terreno que acabamos de pisar y departir con el resto de terrícolas que pululan por el lugar.

Voy a centrarme en el segundo grupo que, quiero pensar, es el gran montante.

El mérito consiste en sacar el mayor partido a los medios de los que disponemos sin complicarnos más de la cuenta porque es entonces cuando pasaremos de disfrutar a trabajar a destajo provocando que los demás se sientan incómodos.

Una de las claves fundamentales es tener preparado todo lo que se pueda antes de comenzar y el resto dejarlo casi a punto para que, una vez comience el tema, tan sólo tengamos que rematar detalles.

¡Relajémonos!…recibiendo con una sonrisa, presentando a quienes no se conozcan si se da el caso, transmitiendo alegría por la asistencia e interés porque los demás se sientan integrados de la manera más equitativa posible.

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La naturalidad también es importante pero tengo la cada vez más afianzada sensación de que el concepto de naturalidad es difuso.

Ser natural es comportarse de manera espontánea, con sencillez en el trato y en el modo de proceder.

No se trata de ir a nuestro aire o de permitirse licencias o confianzas fuera de lugar por aquello de que“…yo es que soy muy natural…”.

A mí particularmente me asustan frases del tipo: “estamos en confianza”, “compórtate como si estuvieras en tu casa”, “si quieres tomar algo abre el frigorífico y sírvete”,etc…

La confianza esta para el ámbito más intimo de la persona, que no debe ir más allá del círculo familiar más cercano.

Para casa, la nuestra…

Las despensas y neveras están mejor bajo el control de quienes controlan su logística y suministro.

En la actualidad cada vez se reúne menos la gente en casas particulares debido al frenético estilo de vida que la mayoría llevamos. Pero si nos animamos a hacerlo o surge por el motivo que sea, la idea es no intentar abarcar más jaleo de aquel que nos sintamos capaces de controlar.

Hay quienes lo pasan en grande metidos dos días enteros en la cocina preparando exquisiteces y abriendo los armarios para elegir sus mejores mantelerías, vajillas, cuberterías, cristalerías, centros de mesa, etc…Si disfrutan (lo cual es magnífico) o incluso le sirve como método de desconexión de otros menesteres…¡Perfecto!

Para el resto, que son legión hoy en día, lo ideal es cuidar pequeños detalles ya que eso es lo que quedará en el recuerdo de nuestros invitados.

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Recomiendo evitar en todo lo posible la tan sobrevalorada improvisación…¡Cuidado!

No voy a hacer una exposición de cómo preparar un aperitivo, un almuerzo, una merienda, una cena o unas copas. Estos temas tienen la suficiente importancia para protagonizar futuros artículos.

El anfitrión debe departir con todos y estar pendiente de que nadie se sienta desplazado.

Para sentarse en un “tú a tú” con tu mejor amigo o con tu hermano y poneros al día de vuestras cosas…¡Elige otro momento!

Debemos evitar temas espinosos que puedan generar malestar y, si alguno de nuestros invitados se desmarca al respecto, nuestra destreza será la de reconducir con cortesía la situación para lo cual yo siempre recomiendo valernos de algún toque de buen humor que rompa la tensión creada y sirva para cambiar el tema.

Nada de levantarnos constantemente ausentándonos, ni ponernos a hablar por teléfono salvo para temas urgentes o dar un mensaje rápido.

Se trata de pasar un buen rato por lo que no dedicaremos la mitad del tiempo a retirar vasos, fregar menaje, recoger migas u ordenar cada cosa que se mueva de su sitio.

Si caemos en ese error haremos que, por un lado, el resto se sientan incómodos y además se vean seguramente en la obligación de dejar de disfrutar para sumarse a la tarea de quien ha abandonado el disfrute por el trabajo.

Se recoge y se ordena cuando se ha finalizado y el territorio esta libre. Si tenemos la suerte de que algún familiar de confianza se queda con nosotros y nos ayuda a ello será lógicamente más fácil, como ocurre en ocasiones con los más íntimos.

La cualidad del buen anfitrión radica en atender, no en servir.

 

¡Hasta pronto!

 

 

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